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martes, 29 de marzo de 2022

¿Puede el big data, predecir de forma más precisa que las encuestas , la intención de voto?

Gracias a la amable invitación del programa Congreso y Sociedad para hablar sobre el potencial de las nuevas tecnologías para sustituir (o no realmente) la investigación tradicional en contextos electorales. 

domingo, 10 de mayo de 2020

Afecto y cognición: la tensión entre razón y pasión en la valoración de asuntos públicos

Hace unas semanas estuvimos revisando con unos amigos los resultados de la encuesta de Gallup realizada en Colombia durante la emergencia del COVID-19 hablábamos de algunos resultados aparentemente sorprendentes. 

En las diapositivas 56, 57 y 58 se observa una aparente contradicción cuando las personas reportan sentirse “enérgicos y vitales” 69%, “felices” 58%, con “miedo” 62% y “deprimidos 40% - varios tuvieron que responder dos o más de estas emociones. Adicionalmente, el 74% de los colombianos se siente optimista. Una diapositiva más adelante, el 97% reportar querer mantener las restricciones de eventos de más de 50 personas, 95% quieren mantener bares y discotecas cerradas y 92% quiere mantener el cierre de fronteras.

¿Son estos hallazgos contradictorios? Es esa simultaneidad de emociones contradictorias, en esos niveles de intensidad una especie de locura, como reclama un amigo que le gustan las cosas blancas o negras. En una entrada reciente, detonada por la misma conversación entre amigos sobre la forma en la que las distintas sociedades han reaccionado a la emergencia del coronavirus, me referí al miedo como una reacción muy específica estudiada con frecuencia por la psicología política. En esta ocasión, recurro también a Marcus y Neuman para entender las aparentes contradicciones de las emociones ciudadanas en contextos de entusiasmo o ansiedad. 

 

Afecto y cognición. 
 
El afecto es el motor del comportamiento y de la relación entre el afecto y la cognición. El cerebro es una máquina para sentir que hemos domesticado para pensar y realizar operaciones abstractas complejas que van desde el álgebra hasta la creación de mundos alternativos a través del lenguaje.

Nuestros sistemas políticos contemporáneos privilegian la razón, hija dogmática de la ilustración, y tienden a desestimar el rol y el valor del afecto en la esfera pública. Manin (1997), Lakoff (2008), y Marcus (2000, 2007) desarrollan, cada uno desde un ángulo diferente, el argumento del privilegio a la razón y el desprecio de las pasiones, o la emoción, en la construcción de nuestras democracias representativas vigentes. Se asocian con frecuencia las valoraciones emocionales de asuntos políticos a la manipulación y al extremismo.

Esto plantea una tensión entre el afecto y la inteligencia (Marcus; 2007, 14). Marcus y Neuman proponen la idea de inteligencia afectiva para sintonizar, y no oponer, el rol de la emoción y de la razón como dos facultades funcionales y muy reales en la manera en la que nos relacionamos con los asuntos públicos. 

Marcus, contrario a la literatura habitual de los siglos XIX y XX propone que “el afecto y la razón son estados mentales complementarios que interactúan en un delicado y altamente funcional balance dinámico” (Marcus; 2000, 2). Los sistemas afectivos definen cómo reaccionamos a la novedad y la amenaza o definen la confianza a hábitos establecidos. 

Para explicar la relación entre el afecto y la inteligencia explica la existencia de dos sistemas que operan de manera automática y preconsciente al ser expuestos a información de nuestro entorno. El sistema dispuesto (disposition) y de vigilancia (surveillance). El sistema dispuesto confía en nuestras valoraciones emocionales para controlar la ejecución de hábitos. El sistema de vigilancia, por otro lado, escanea el ambiente para advertirnos sobre cosas que pueden causarnos daño (Marcus; 2002, 10). 

El modelo de inteligencia afectiva sugiere que cuando estamos ante una actividad rutinaria, operará nuestro sistema dispuesto y que cuando somos expuestos a información que activa nuestro sistema de vigilancia (información novedosa, inusual o amenazante) abandonamos los juicios o canales de decisión habituales (Marcus; 2000, 95-101). No se trata únicamente de información contextual que lleve a las personas a sentir amenaza física, sino también que amenazan su visión del mundo o su realidad percibida (Marcus; 2000, 112-118). Marcus, en particular sugiere como resultado de su investigación que cuando una persona siente peligro, no solamente pone más atención al mundo exterior, sino que también dedica tiempo consciente a pensar sobre lo que debe hacer. 

En pocas palabras, uno de los hallazgos más relevante de Marcus en 2000 y confirmados en 2008 es que cuando hay contextos de ansiedad, las personas tienden a poner más atención, a buscar más información y a aceptar información nueva, y abandona su sistema habitual, dispuesto, de toma de decisiones (Marcus; 2000, 103). 

Estas investigaciones coinciden con un estudio de Kinder y D’Ambrosio sobre la transformación de la opinión en Estados Unidos alrededor de la Guerra en el Golfo que concluye que no son la emociones, de manera general, sino la ansiedad específicamente, la que impulsa a las personas a tomar decisiones racionales (Marcus; 2000, 108).  

La aparente contradicción entre las emociones que reportan de manera mayoritaria colombianos que se encuentran en este momento expuestos a retos económicos, incertidumbre en salud y su apertura a mantener decisiones restrictivas por parte de las autoridades, más que una contradicción reflejan esa conversación intensa y permanente, de frágil equilibrio, entre el afecto y la cognición. 


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Manin, Bernard (1997). The Principles of Representative Government. Cambridge University Press: Melbourne. 🌟
Neuman, Russell, Marcus, George y Mackuen, Michael (2000). Affective Intelligence and Political Judgment. University of Chicago Press.
Neuman, Russell y Marcus, George et all (eds) (2007). The Affect Effect: Dynamics of Emotion in Political Thinking and Behavior. University of Chicago Press.🌟

viernes, 7 de junio de 2019

Las sesiones de respuesta inmediata. La emoción y el instinto

Hace unas semanas fui invitado a participar en el II Congreso Internacional de Marketing Político que se llevará a cabo en la Universidad Externado de Colombia el 5 y 6 de abril del 2019. Allí compartí mi experiencia llevando la cultura de la medición y evaluación de comunicaciones al mundo electoral. A pesar de esta experiencia, con frecuencia encuentro tres barreras: la desconfianza en la medición, los costos de la medición y la dificultad de lograr que la medición se traduzca, en medio del ritmo de una campaña en una decisión que haga la diferencia.


Por esta razón decidí compartir algunas lecciones que pueden resultar de utilidad a jóvenes talentos que quieren asegurarse que se diseña una campaña para conectarse con el elector y no para darle gusto al candidato o a su círculo cercano. 

Uno de los ejercicios que he encontrado que aporta mucho valor en la corrección y construcción del mensaje durante las campañas son los “dial sessions” o sesiones de respuesta inmediata. Estos son grupos focales en los que la audiencia convocada se enfoca en evaluar una pieza publicitaria, un debate o discurso mediante el uso de tecnología con el propósito de conocer la respuesta inmediata, segundo a segundo, de los grupos objetivos. 

Hace algunos años desarrollamos nuestro propio sistema de medición de respuesta inmediata llamado “Instinto” y hemos encontrado que conocer las reacciones inmediatas, previas al debate y la deliberación ciudadana, indica con mucha nitidez si la estrategia de mensaje puesta en marcha en un producto real está funcionando, o si requiere ajustes. Frank Luntz (2007:78) hace una descripción detallada de las sesiones de Respuesta Inmediata 

Aunque las sesiones de Respuesta Inmediata son menos habituales que las sesiones de enfoque y su resultado es más específico, el valor que aporta a la campaña con información sobre el efecto de cada palabra de lo que dice el candidato o su contrincante resultado muy poderoso para la ejecución de la estrategia. 

El principal reto de confiabilidad para las sesiones de Respuesta Inmediata es el desconocimiento de la metodología por parte de los equipos de campaña. Una vez se incorpora el hábito de medir en una campaña, es difícil prescindir de tecnologías o metodologías que han resultado exitosas. 


Una ventaja de las sesiones de respuesta inmediata es que las recomendaciones son muy específicas y de implementación inmediata. Uno de los retos es que la producción de resultados debe ser inmediata para que tenga un efecto real sobre la ejecución táctica de la estrategia. El equipo de buho ha usado con más frecuencias las sesiones de respuesta inmediata para evaluar en vivo la reacción de población objetivo a debates presidenciales (2014 y 2018). La nitidez y los contrastes de las reacciones de la ciudadanía permiten con mucha claridad identificar las respuestas y los ataques que funcionan para el candidato, y las respuestas y defensas que no le funcionan al contrincante. Esta información es de un enorme valor para retroalimentar los simulacros de los debates presidenciales que pueden a su vez ser definitivos en una campaña electoral. Una cosa es poner en boca de un candidato la expresión “hace 4 años nuestras fronteras ardían y el país estaba apunto de ir a la guerra” y otra muy diferente es hacerlo con la certeza que esa expresión se conecta con la población objetivo. 

Hemos usado también sesiones de respuesta inmediata para medir el segundo a segundo de vídeos promocionales y discursos políticos. Estas mediciones son especialmente relevantes cuando el candidato quiere probar material controversial, o para resolver debates internos que puedan estar poniendo en duda el foco de la campaña o el camino a seguir con una narrativa, un mensaje o una expresión específica.

El desconocimiento de esta metodología es tal vez el mayor obstáculo para su uso recurrente. Se trata de una inversión moderada (muy similar a la de un grupo de enfoque) y los hallazgos son tan precisos y específicos que dejan muy poco margen de interpretación o debate. 

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Luntz, Frank (2007). Words that Work: it's not what you say, it's what people hear. Hyperion Books, New York.

martes, 7 de mayo de 2019

El valor de los cualitativos

Hace unas semanas fui invitado a participar en el II Congreso Internacional de Marketing Político que se llevará a cabo en la Universidad Externado de Colombia el 5 y 6 de abril del 2019. Allí compartí mi experiencia llevando la cultura de la medición y evaluación de comunicaciones al mundo electoral. A pesar de esta experiencia, con frecuencia encuentro tres barreras: la desconfianza en la medición, los costos de la medición y la dificultad de lograr que la medición se traduzca, en medio del ritmo de una campaña en una decisión que haga la diferencia.

Por esta razón decidí compartir algunas lecciones que pueden resultar de utilidad a jóvenes talentos que quieren asegurarse que se diseña una campaña para conectarse con el elector y no para darle gusto al candidato o a su círculo cercano. 



Los grupos focales son, en mi opinión, la herramienta más poderosa para la construcción el diseño de la historia, las pruebas de mensaje y para encontrar las palabras correctas en la búsqueda de un campo de batalla que me permita establecer contrastes definitivos que guíen al lector hacia mi propuesta y lo alejen de la propuesta del contrincante. 

En el libro “Words That Work” de Frank Luntz, se encuentra una descripción y defensa de los estudios cualitativos, especialmente al contrastarlo con los estudios cuantitativos de opinión (P. 74-78)

La barrera de la desconfianza con los estudios cualitativos, especialmente sobre los grupos de enfoque o focus groups es alta en el mundo del marketing en general y en el mundo del marketing político en particular. A pesar de la claridad que puede aportar una buena investigación, encuentro con frecuencia algunos mitos que dificultan que una campaña tome la decisión de incorporar esta estrategia en su inversión inicial. 

En mi experiencia la desconfianza que despiertan en algunos asesores de campaña los resultados de los estudios cualitativos están asociados a una mala selección de la población objetivo, una mala moderación y una traducción pobre de los resultados en recomendaciones. 

Las preguntas correctas. En una sesión de psicoanálisis, un paciente revela en su conversación detalles de sus creencias, sus problemas de apego, su historia y revela trastornos del pensamiento y el potencial tremendo de la MENTE humana. En una resonancia electromagnética, un neurólogo puede observar la anatomía del CEREBRO, la sustancia gris, la blanca, descartar lesiones y observar presencia de malformaciones. Un neurólogo no puede esperar entender la anatomía del cerebro humano en una sesión de psicoanálisis, así como un psiquiatra no puede entender el estado de ánimo de un paciente, su forma de relacionarse con el mundo y cómo resuelve los problemas del día a día en una resonancia. 

Ocurre lo mismo con los estudios cualitativos. Si yo espero que un estudio cualitativo me arroje pistas sobre preferencias ideológicas de la población, intención de voto general, posiblemente estoy haciendo las preguntas equivocadas. Los grupos focales nos revelan a través de la conversación ciudadana guiada las formas en la que construyen su mundo social, los acuerdos y desacuerdos que se han construido socialmente alrededor de temáticas, posiciones políticas y protagonistas electorales. Y, lo que es más importante, nos revelan las palabras que funcionan y representan correctamente la manera en la que el ciudadano ve el mundo y lo reconstruye en la conversación ciudadana. 

La ejecución lo es todo. Así como hay buenos psicoanalistas que son capaces de encuadrar a un paciente en una conversación en la que un paciente nos da pistas de su relación con la autoridad, en su propensión a generar (o rechazar vínculos afectivos) y su forma de interpretar el mundo que lo rodea. También los hay malos que proyectan en el paciente sus asuntos no resueltos, que compare con otros pacientes, que induzca comportamientos. Ocurre lo mismo con las sesiones de enfoque. Si tenemos a un mal moderador, que tiene dificultades administrando la fina línea entre guiar la conversación y sesgar con sus propias creencias el ejercicio, que pone sobre la mesa lenguaje que el ciudadano no ha usado, que permite que el mismo ciudadano sea el que da primero su opinión en cada ronda, claramente vamos a tener un mal resultado que va a generar dudas y desconfianza a la campaña y a su equipo de comunicaciones. 

Un reto adicional que se presenta en la realización de los cualitativos y que minan la credibilidad en su uso es una mala interpretación de sus resultados. Los pecados frecuentes son la literalidad y las profecías autocumplidas. Cuando el resultado de un estudio cualitativo excluye el debate entre el moderador y los expertos sobre los hallazgos tiende a ignorar información valiosa oculta detrás del impulso natural de los participantes a sobre-racionalizar sus opiniones y a darle más peso a las justificaciones secundarias que a las reacciones emocionales inmediatas. Un ejemplo clásico: con frecuencia los asistentes a un estudio cualitativo van a decir que no les gustan los enfrentamiento, que están cansados de las peleas entre los políticos, que no les gusta que suban el tono y tengan un trato incivil entre ellos. Todo esto, en abstracto. Sin embargo, cuando son expuestos a una pelea, tenderán a elegir a un bando. Una lectura literal puede llevar al consultor a recomendar a un candidato que evite las peleas. Una lectura más profunda puede llevar al candidato a saber lo que necesita para ganar una. 

Profecías Autocumplidas. Este es el riesgo más grande que corre un estudio cualitativo. Aunque no lo encuentro con frecuencia, cuando ocurre es letal para una estrategia de campaña. Cuando un candidato, un consultor o un investigador tiene una convicción profunda sobre las expectativas ciudadanas o sus creencias, estas tarde o temprano se verán reflejadas en los resultados de un estudio cualitativo. Si una persona con la autoridad suficiente (candidato) o la intensidad suficiente (el moderador) resaltan un aspecto específico del estudio, este podrá mezclarse entre los resultados para aparecer como un resultado relevante sesgando sigilosamente los resultados. 

En términos de costos, un grupo focal no es muy costoso. Existe la tentación de bajar los costos. Mi sugerencia es no tocar la moderación ni la bonificación. Ahorrar en estos componentes es poner en riesgo la calidad del estudio, y por lo tanto la calidad de las decisiones que se toman. 

Uno de los retos de los cualitativos es su uso en campañas grandes de alcance nacional. Escalar la investigación cualitativa es un reto y sacar provecho a millones de puntos de datos sin contenerlos metodológica o visualmente puede ser un reto. 


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Luntz, Frank (2007). Words that Work: it's not what you say, it's what people hear. Hyperion Books, New York.

sábado, 17 de noviembre de 2018

5 Lecciones de las elecciones presidenciales del 2018

Entre los meses de febrero y mayo del 2018, con el equipo de buho, acompañamos al candidato presidencial Sergio Fajardo en la preparación de debates presidenciales. Había un sentimiento de incomodidad y vulnerabilidad en el ambiente. Muchos recordaban cómo los debates habían sido decisivos para la derrota de Antanas Mockus en las elecciones presidenciales del 2010.

Ya había tenido la oportunidad de acompañar a Juan Manuel Santos en la preparación de los debates que hicieron parte de la estrategia que le permitió obtener la reelección en el 2014, guiado por Gina Parody, una maestra excepcional en materia de responsabilidad y liderazgo.



Volviendo al 2018. Después de unas sesiones extenuantes, una participación satisfactoria en los debates que cerraron con broche de oro cuando todos los candidatos dejaron plantada a Vicky Dávila en el último debate presidencial para la W Radio.

Aunque la experiencia de preparación para los debates fue para Sergio "mortificante", como lo cuenta en el vídeo, consideró que tendría mucho sentido invitar al equipo que había participado activamente en la construcción de la estrategia que lo llevó a estar a poco más de 260,000 votos de la segunda vuelta, en una contienda en la que votaron casi 20 millones de Colombianos, para compartir con las bases de Compromiso Ciudadano, aprendizajes y experiencias que les pudieran resultar valiosas para sus propios ejercicios electorales.

Para este ejercicio académico participamos Daniel Winograd, Juan Pablo Salazar y yo, moderados por Sergio ante un auditorio de decenas de jóvenes de comprometidos con una política ciudadana bien hecha de Compromiso Ciudadano.

Las lecciones:

1. ¿Están los números claros?
4. Es.un.show.
5. ¿Tradujimos las propuestas?


lunes, 4 de julio de 2011

Los bogotanos aun no sabemos por quién votar

El pasado domingo la revista semana publicó una encuesta realizada por la firma encuestadora Cifras & Conceptos sobre el estado de la contienda electoral en Bogotá, Medellín y Barranquilla.

Los resultados de Bogotá sorprendieron a algunos analistas que seguían a la espera del crecimiento de Gina Parody, el estancamiento de Peñalosa alrededor de los 20 puntos y según alertaban algunos, el crecimiento de Galán.

Este valioso ejercicio de Cifras y Conceptos lo nos deja dos mensajes centrales: 1) La alcaldía de Bogotá, tal y como están las cosas hoy, la puede ganar cualquiera de los candidatos y 2) Los bogotanos aún no saben por quién votar, o no quieren hacerlo.

La alcaldía la puede ganar cualquiera: Si se miran con detenimiento las cifras que arroja la encuesta, entre Gina Parody y Gustavo Petro hay 10% de diferencia. Si incluimos en el cálculo los 4,2 de margen de error (que aplican para arriba y para abajo) técnicamente es posible que entre Parody y Petro solo hayan 1,6 puntos de diferencia. La encuesta es prácticamente un empate técnico entre los 4 candidatos principales y un empate entre seis al incluir a Mockus y Uribe en el panorama.

Los bogotanos no sabemos por quién votar, o no queremos hacerlo: Al sumar las respuestas de quienes votarían en blanco, quienes no votarían y quienes simplemente no saben o no responden, tenemos que el 50% de los bogotanos aun no tiene un candidato por el cual votar.

La mitad de los bogotanos indecisos y un empate técnico entre 6 candidatos significa que la campaña la puede ganar cualquiera. Esta cifra baja a 38% con la participación de Mockus y Laserna y a 29% con la participación de Uribe.

A la pregunta “por cuáles de los siguientes candidatos jamás votaría” los electores responden: Uribe (19), Petro (18), Mockus (18) y Peñalosa (16). La polarización dinamiza las elecciones, aún cuando hay acuerdos sobre la necesidad de cambio en Bogotá (o tal vez por lo mismo). Esta posición ‘contra’ algunos candidatos empieza a configurarse como la razón de ser de la campaña y posiblemente estos 4 personajes y su participación (como candidatos o no) definirá la contienda electoral.

inventiolab investiga y comunica
Juan Fernando Giraldo
@JuanFGiraldo

sábado, 4 de junio de 2011

Lo que dicen las encuestas para Bogotá

En abril de 2011, la firma encuestadora Gallup publicó una encuesta para Caracol Radio, Caracol Televisión y El Espectador realizada entre el 1 y el 3 de abril en Bogotá. La encuesta explora algunas preguntas clave para el análisis del proceso electoral que se vive en Bogotá. Con algunas semanas de retraso queremos compartir con nuestra comunidad algunas reflexiones sobre lo que parecen indicar los resultados de esta encuesta. Enfocamos nuestras breves reflexiones alrededor de los personajes políticos sobre los que Gallup preguntó en su encuesta para arrojar algunas conclusiones preliminares. Es importante tener en cuenta que la consistencia de los datos de la encuesta se mantiene únicamente en el análisis de su totalidad. Los análisis desagregados llevan a interpretaciones parciales y al planteamiento de hipótesis que vale la pena observar a medida que avanza la contienda electoral. Álvaro Uribe: Un dato que no parece hacer parte del debate público actual es la impopularidad del expresidente Uribe en la ciudad de Bogotá. Después de Gustavo Petro 47,3% y de Enrique Peñalosa 38,7%, Uribe es el posible candidato con la tercera des-favorabilidad más alta 26,8%. También llama la atención, y no se habla mucho del tema, que Uribe tenga una des-favorabildiad de 32% en el estrato 3 y de 37% en el agregado de 4,5 y 6. Su fuerte es el estrato 1 y 2 en donde tienen una favorabilidad del 78%. Interesante también descubrir que en abril, en unas elecciones con Uribe y Peñalosa, el 18% de los verdes votarían por Uribe. Este es el primer indicador claro de la base de verdes uribistas. Un fenómeno aún por explorar. Enrique Peñalosa: La favorabilidad de Peñalosa en el agregado de estratos 4,5 y 6 es mayor al promedio de Uribe en toda la ciudad y alcanza 73%. Su imagen desfavorable se concentra en los estratos 3 (35%) y el agregado del 1 y 2 (51%). La posible alianza entre Uribe y Peñalosa tendría sentido si el objetivo fuera movilizar a los estratos 1 y 2. Sin embargo, estos no son estratos que históricamente votan de manera masiva. En el estrato 3, por otro lado, que es mucho más activo en las urnas, la alianza Uribe-Peñalosa parece una suma de desfavorabilidad. Estos son los dos candidatos con mayor des-favorabilidad en este estrato después de Gustavo Petro. En la mayoría de enfrentamientos planteados por la firma encuestadora, Peñalosa recibe el 50% de la intención de voto de los partidarios verdes. Adicionalmente, En todos los escenarios sin Uribe, Peñalosa saca la mayor proporción de votantes de todos los partidos. El hecho que el único escenario en el que Peñalosa perdería (¡y por 25 puntos!) es enfrentándose en contra de Uribe parece explicar la decisión del primero a unirse al segundo. En todos los demás escenarios, Peñalosa gana por lo menos por 10 puntos. Si la estrategia de Peñalosa de unirse a Uribe es sacarlo del panorama electoral para Bogotá, esta parecería tener sentido. Si la estrategia es alimentarse de su favorabilidad en estratos 1 al 3 la “pela” no parecería valer la pena. Al observar la intención de voto de los verdes, es evidente que se trata del partido con seguidores más disciplinados (por lo menos en abril). En todos los partidos hay una notoria dispersión en los gustos entre los ciudadanos. Es posible que de abril acá los votos del Partido Verde hayan quedado tan dispersos como el de otros partidos en Bogotá (1). David Luna: Es interesante ver cómo, pese a su estrategia de ‘campaña perpetua’, David Luna es todavía un desconocido para los Bogotanos. El 51% no reconoce al candidato liberal. Sin duda que el 46% de los bogotanos estrato 3 no le conozcan es un riesgo electoral alto. Un dato interesante que demuestra la dificultad que seguirá enfrentado Luna al interior de su aprtido es que en TODOS los escenarios planteados por la encuesta Gallup, Luna recibiría proporcionalmente más apoyo de los electores conservadores que de los liberales. Sin Uribe en escena, los liberales tiende a inclinarse por Enrique Peñalosa, William Vinasco y en menor medida por Galán y Petro, antes que por el candidato de su propio partido. Gina Parody: Gina Parody no es reconocida por el 36% de los bogotanos y de quienes la conocen, la imagen favorable y desfavorable se divide en partes iguales. Sin embargo, es meritorio que Parody tenga 15% más de reconocimiento que Luna pese a que la primera ni siquiera había hecho pública su intención de participar en la contienda, mientras que el segundo llevaba ya varios meses en campaña al momento de realizar la encuesta. En la mayoría de escenarios propuestos por la encuesta, Parody obtiene el 9% de los votos verdes. Este número es posible que esté subiendo a medida que la candidata abre su elección a estratos 3 y 4 y que pueda pescar en el rio revuelto que han dejado los verdes en sus debates internos. Carlos Fernando Galán: Sin duda la mayor ventaja estratégica de Carlos Fernando Galán es que quienes le conocen tienen una imagen favorable suya. El desconocimiento del candidato es muy similar al que tienen los bogotanos de Gina Parody, sin embargo, la favorabilidad de Galán es superior a la de Gina en todos los estratos por un promedio de 10%. De todos los candidatos, Galán tiene la imagen desfavorable más baja. William Vinasco Vinasco comparte con Laserna las ventajas de ser una figura mediática reconocida. Esto se refleja en un alto reconocimiento y una imagen favorable de 50%, la tercera más alta de los posibles candidatos. Sin embargo, a diferencia de Laserna, Vinasco se ha sometido a competencias electorales en el pasado y mantiene una desfaborabilidad baja frente a otros posibles contrincantes (22,5%). El candidato más beneficiado con la salida de Uribe, después de Peñalosa, es Vinasco. En el escenario electoral con Uribe, Viansco es el tercer opcionado con 8,6%. Con Uribe fuera del panorama electoral, las intenciones de voto por Vinasco no bajan del 17% y llegan hasta 20%. La des-favorabilidad de Vinasco Ch en estratos 4, 5 y 6 (42%) es compensada por una favorabilidad superior al 50% en estratos 1, 2 y 3. Si de compensar des-afavorabilidad se trata, una alianza de Peñalosa con Vinazco Ch tendría más sentido que una con Uribe. Pablo Laserna: Aunque Pablo Laserna es reconocido por los bogotanos con una imagen favorable alta (57,2%), solo superada por la registrada por el expresidente Uribe (70,3%), también es el único que no se ha expuesto a escenarios de debate político hostil no a mensajes de contrincantes políticos en el pasado. Es muy probable que si Laserna elige lanzarse, su imagen desfavorable suba algunos puntos. (1) La encuesta no explora seguidores del Polo Democrático. La encuesta no realiza preguntas de control para restringir la muestra a las personas que han votado o que reportan estar dispuestas a votar, por lo tanto se trata de una medición del clima general de opinión y no refleja necesariamente la intención de voto en Bogotá. inventiolab investiga y comunica Juan Fernando Giraldo @JuanFGiraldo