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martes, 20 de octubre de 2020

La elección correcta

Lau &  Redlawsk publican en el 2006 los hallazgos de una extensa investigación de laboratorio en la que simulan el transcurrir de una campaña presidencial en Estados Unidos, desde las primarias hasta las elecciones generales. 

El desarrollo detallado de los resultados y los hallazgos asociados en el libro How Voters Decide, Lau y Redlawsk proponen un camino de investigación sobre la manera en la que los ciudadanos usan la información a la que acceden durante un proceso electoral para tomar una decisión “correcta” al momento de votar.

Resultaron particularmente interesantes tres conceptos clave a los que me referiré en tres entradas diferentes: la idea de “decisión correcta” en el voto, el uso de “heurística” o “atajos mentales” por parte del electorado, y la relevancia de la memoria en la decisión del voto

La decisión correcta. 

En esta entrada revisaremos la idea de “decisión correcta” a la hora de votar. Lo que resulta, a primera vista, un concepto chocante. Personalmente me parece difícil calificar las decisiones políticas como correctas o incorrectas, más aún en contextos altamente competitivos y de información imperfecta. 

Según los autores, en el proceso de toma de decisión durante unas elecciones, un ciudadano se enfrenta a una tensión a la hora de votar: (1) el deseo de tomar la decisión correcta, y (2) el deseo de llegar a esa decisión con el menor esfuerzo cognitivo posible. Ambas premisas tienen sentido y respaldan la idea de que un elector quiere tomar una decisión correcta a la hora de decidir. 

Mi esposa, por ejemplo, es una médica brillante. Líder en su campo como miembro de agremiaciones de psiquiatras, lo que la hace interesada, de manera atípica, interesada en asuntos públicos. En más de una ocasión, he notado que al salir de las urnas un domingo electoral, después de un corto silencio, levanta la cabeza y me dice: “No se sí me equivoqué”. 

¿En qué condiciones toma un elector la decisión “correcta”? La idea de voto correcto está asociada, no con la expectativa de que en el resultado hay una opción correcta y una incorrecta, sino en el entendido de que una decisión debe ajustarse a los valores y creencias del elector individual. Lau y Redlawsk consideran que un voto correcto debería coincidir con el voto que el ciudadano depositaría en condiciones de información perfecta. 
 
Antes de avanzar en el concepto de decisión correcta, realizan una distinción entre el juicio y la elección (42). El juicio implica una valoración de una entidad individual o una sola dimensión, mientras que la decisión implica una elección entre opciones. La elección implica un compromiso mayor porque incluye una renuncia, y eso a su vez puede requerir una mayor racionalización o justificación. 

Uno de los primeros hallazgos, recogidos también por Achen & Barlets (2016, 40), es que el 70% de sus sujetos votan por por el candidato correcto. Es decir, después de haber hecho la elección, y ser expuestos de manera controlada a información estructurada y correcta sobre el candidato, el 70% se aferra a su decisión. No encontré en la descripción de los resultados la pregunta que parece natural y es si tal vez una fracción de ese 70% pudo haber incurrido en algún tipo de racionalización posterior a la decisión. Personalmente no descarto que la proporción de electores que realizaron un voto “correcto” es menor. 

Formulan adicionalmente una serie de hipótesis muy interesantes para explorar, más allá del ejercicio experimental (84).
  1. En condiciones de recursos cognitivos limitados, los electores son más propensos a tomar una decisión correcta en la medida que haya menos candidatos. 
  2. En un escenario constante de número de candidatos, el elector tomará la decisión correcta en la medida que los candidatos sean fáciles de distinguir. 
  3. En igualdad de condiciones, los electores tomarán la decisión correcta en la medida que los recursos de campaña sean equilibrados, dando a cada candidato oportunidades iguales de exponer sus propuestas. 

Estas tres premisas son relevantes y con valor práctico específico. En un contexto electoral real, los escenarios con muchos candidatos serán más susceptibles a estrategias de distracción o manipulación y llevar a los electores a votar en contra de sus preferencias. 

Adicionalmente, refuerza la importancia de que en unas elecciones la posibilidad de diferenciarse de los demás mediante los contrastes es determinante. Una elección en la que un candidato es difícil de distinguir podrá resultar en una mayor probabilidad de que el ciudadano deposite un voto equivocado. 

Finalmente, los recursos superiores, efectivamente pueden distorsionar un resultado electoral. Una campaña con recursos desequilibrados pueden resultar en un incremento de ciudadanos eligiendo al candidato equivocado, visto desde sus propias preferencias. 

Para Lau y Redlawsk, el hecho de que la mayor parte del tiempo, el mayor número de personas (72%) vota correctamente, demuestra que en contextos contemporáneos no es necesaria la atención total o la información perfecta para toma de decisiones electorales. 

Hacen, sin embargo, una advertencia. El 70% de los electores toman la decisión correcta para campañas con dos candidatos. Sin embargo, cuando se realizaba el ejercicio con 4 candidatos, solo 31% votaron correctamente (203). Aunque los electores quieren tomar buenas decisiones con el menor esfuerzo posible, la motivación política no es lo suficientemente alta para la búsqueda de decisiones óptimas (204). Esta es una reducción dramática de “acierto” por parte del electorado. 

Encuentran además algunas variables que pueden incidir sobre la capacidad de acierto del ciudadano a la hora de decidir su voto. La filiación partidista incrementa en 31% la probabilidad de que el elector vote “correctamente” y la sofisticación del elector la incrementa en 39%. Reconocen, citando algunos estudios de mercadeo, que en contextos de saturación de información se puede reducir la calidad de la decisión (212). 

Un hallazgo que contradice la intuición es que entre más profunda es la investigación y la búsqueda de información por parte de un ciudadano, la probabilidad de un voto correcto cae (215). Tal vez uno de los resultados más sorprendentes del modelo, y que contradice una de las premisas, por lo menos habituales, de los sistemas democráticos, es que más información no siempre llevan a mejores decisiones. De hecho, lo que encuentran es que más información resulta en peores decisiones. 

En pocas palabras, un sistema electoral con más de dos candidatos compitiendo, con altos flujos de información, con candidatos similares entre sí y con desigualdad de recursos entre ellos, son un caldo de cultivo para que los ciudadanos salgan de las urnas con la sensación de haberse equivocado. En este contexto, es muy probable que así haya sido.

Aunque los argumentos que usan para explicar por qué recurrir a un experimento son válidos, es evidente que el ejercicio no es capaz de emular las relaciones que el electorado desarrolla con cada candidato durante un campaña. También reconocen que la metodología deja por fuera pistas que se generan en la interacción social y que no pueden ser observadas en la medida que los sujetos están expuestos sólo a la pantalla de un computador durante el experimento. Estos sacrificios no le quitan valor a los hallazgos, pero entenderlos permite hacer unas preguntas de seguimiento de fondo sobre los resultados del estudio.  
Para los interesados en la competencia del electorado, vale la pena la revisión del modelo de "Lógica de Competencia" de Arthur Lupia usando el Teorema Generalizado de Condorcet Jury que establece que "si cada elector es más propenso a hacer una elección correcta, que a no hacerla, entonces a medida que el número de votantes se incrementa hacia el infinito, la probabilidad de que una mayoría tome una decisión correcta, tiende al cienc por ciento" (Lupia 2016; 57)



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Achen, Christopher H. and Bartels, Larry M. (2016) Democracy for Realists: Why Elections Do Not Produce Responsive Government. Princeton University Press: New Jersey. 
Lau, Richard R. Redlawsk, David P.(2006) How Voters Decide. Information Processing in Election Campaigns. Cambridge University Press.
Lupia, Arthur (2016). Uninformed: Why People Seem to Know So Little about Politics and What We Can Do about It 1st Edition. Oxford University Press. New York.

miércoles, 22 de julio de 2020

Campaña electoral y redes sociales manipulación, tendencias e influencia

El Consejo Nacional Electoral en Colombia anunció a través de un comunicado de prensa que regularía el uso de propaganda política por parte de candidatos en las elecciones en Colombia. 

El anuncio, que no venía acompañado de una resolución, detonó un debate sobre los retos a los que se enfrentan las autoridades y los riesgos que esta decisión puede significar para el debate público en un proceso electoral. 

Carlos Cortés y Cristina Vélez de Linterna Verde nos invitaron a un panel para abordar la discusión con la información disponible hasta este momento. 


Aunque hay que reconocer que el Consejo Nacional Electoral se pronuncia sobre algo que había sido por muchos años un área gris y que hace un esfuerzo por reflexionar sobre la complejidad de la naturaleza cambiante del ambiente digital, la decisión, como está hasta ahora, deja algunas preguntas abiertas. 

Por un lado, mantener el concepto de propaganda política, claro y nítido para las prácticas electorales de Siglo XIX y XX, se vuelve una caja de cartón en la que se pretende organizar el caudal de un río al usarlo para regular fenómenos de comunicaciones del Siglo XXI. 

Adicionalmente, la escueta entrevista que ofrece el Presidente del Consejo Nacional Electoral, en la que sugiere que cada caso "es especial", deja la puerta abierta para la arbitrariedad en un país en el que no sería novedad que se use localmente el poder de las Cortes para incidir en procesos electorales. 

Darle a los canales digitales el estatus de “medio masivo de comunicación” parece desconocer la complejidad del flujo de la información en canales digitales. Parecería más razonable verlos como un espacio público digital activo, viral, con incidencia real en las posiciones de las personas, con actores complejos, incluidos ciudadanos, personas jurídicas y personajes anónimos. Un espacio, en el que se podría hacer publicidad política pagada. Algo más fácil de identificar y de juzgar como propaganda política. 

Finalmente, el Consejo Nacional Electoral parece dejar por fuera de su radar aspectos de las prácticas de comunicación política con fines electorales cuya falta de regulación puede ser más significativa para que haya desequilibrio entre candidatos que aspiran a cargos de elección popular, tales como la actividad inorgánica e inducida por “operaciones de influencia” a través de cuentas e influenciadores, como da cuenta el reporte sobre el uso de Twitter en campañas de Linterna Verde. 

En la conversación con Liliana Gómez de la Maestría de Comunicación de la Universidad Javeriana y Adela Goberna de  la Asociación Latinoamericana de Internet (ALAI) pudimos explorar algunas de estas preguntas desde diferentes ángulos. La resolución en firme del Consejo Nacional Electoral aún está por conocerse, y valdrá la pena entender los esfuerzos que hacen para garantizar que las contiendas electorales se dan apegadas a la ley, garantizando equidad entre los candidatos que compiten y comprendiendo la compleja transformación tecnología a la que se ve expuesto el debate público electoral.