lunes, 17 de agosto de 2020

Atajos mentales y heurística en las elecciones

Lau &  Redlawsk publican en el 2006 los hallazgos de una extensa investigación de laboratorio en la que simulan el transcurrir de una campaña presidencial en Estados Unidos, desde las primarias hasta las elecciones generales. 

El desarrollo detallado de los resultados y los hallazgos asociados en el libro How Voters Decide, Lau y Redlawsk proponen un camino de investigación sobre la manera en la que los ciudadanos usan la información a la que acceden durante un proceso electoral para tomar una decisión “correcta” al momento de votar. 

Resultaron particularmente interesantes tres conceptos clave a los que me referiré en tres entradas diferentes: la idea de “decisión correcta” en el voto, el uso de “heurística” o “atajos mentales” por parte del electorado, y la relevancia de la memoria en la decisión del voto. 

Atajos mentales o heurística

La categorización y la heurística son atajos cognitivos que usamos los electores para simplificar el proceso de digerir la información a la que somos expuestos o para sobreponernos a los límites cognitivos que impone un proceso de toma de decisión en un contexto de exceso de información. Según los autores, usamos la heurística para “colorear” la información y vincularla a una evaluación previa o preexistente y los supuestos que vienen con ella para simplificar la toma de decisiones. 

Los autores detallan diferencias en la forma en la que los electores más sofisticados hacen uso de la heurística, frente a un elector menos sofisticado. Según ellos, el elector sofisticado es más hábil generando trozos de información que agrupa y que hacen más expedito su proceso de toma de decisiones. Esto significa que una exposición superficial es suficiente para el elector más sofisticado para tomar atajos mentales y tomar decisiones. Esto puede ser explicado por que este elector tiene más experiencia separando las pistas relevantes de las irrelevantes (38). 

Durante una campaña, entre más compleja es la tarea impuesta por el proceso electoral, el apoyo en simplificaciones y heurísticas más simples entra en acción. 
 
De acuerdo con la investigación de Lau y Redlawsk, los atajos mentales más relevantes durante un proceso electoral son (232):

1. Apoyo de grupo (group endorsement):  Posiblemente relacionado con un incremento de evidencia de política de identidad en las campañas electorales, el apoyo de un grupo específico a un candidato (un sindicato o una asociación) ofrecen pistas rápidas al elector para formarse una opinión y emitir un juicio o tomar una decisión sobre el candidato.
 
2. Estereotipos de partido o ideológicos (partisan and ideological schemata):  La información sobre la filiación partidista e ideológica aporta información rápida, resumida y relevante al elector para acelerar y simplificar su proceso de formación de opinión y decisión. 

3. Estereotipos sociales representados por el candidato. La información del candidato, la que se ve y la que se comunica, sobre sus estereotipos sociales es especialmente relevante para las personas con menos información sobre asuntos políticos. Su edad, su género, su raza, son información relevante que usa el electora para usar atajos rápidos en su proceso de toma de decisión. 

4. Viabilidad del candidato. La viabilidad del candidato, principalmente a través de encuestas, es otra heurística usada por los electores y marca la relevancia de las encuestas que circulan durante el proceso electoral. 

Ninguna de estas anclas, como las denominaría la teoría de framing o encuadramiento son, en mi opinión, condenas. Si lo fueran no sería necesario el proceso electoral. Pero si constituyen caminos tempranos y rápidos usados por electorado para tomar una decisión. Los autores encuentran que el uso de heurística es prácticamente universal (236), independientemente del tipo de elector, incluido su grado de sofisticación política o educación. 

Sin embargo, advierten que la forma y el grado en el que se recurre a la heurística si puede variar considerablemente dependiendo del tipo de elector. Al contrastar el uso de heurística por sofisticación política, por ejemplo, encuentran que las personas más familiarizadas con los asuntos políticos, son menos propensos a usar filiación partidista y apariencia del candidato. Sin embargo, tienen un alto uso de heurística relacionada con validación de grupo. 

Una característica del uso de heurística por parte de los ciudadanos más sofisticados, que no es lo mismo que los más educados, es que saben sacar de ellos más provecho de esta información llevándolos en un proceso más óptimo a la decisión correcta (249). 

Un hallazgo interesante, potencialmente relevante para el proceso electoral colombiano en el que el uso de “primarias” o consultas interpartidistas empieza a hacer parte de la estrategia del camino hacia la presidencia, es la diferencia del uso de heurística entre las primarias y las elecciones generales. Aunque podría parecer evidente, durante las primarias hay más interés en la persona del candidato (y los estereotipos asociados), y para la elección general hay más interés sobre los temas. Se explica porque es natural que para el momento de las elecciones generales los detalles sobre la persona han sido agotados, o por lo menos ya el ciudadano se habrá formado un juicio inicial suficiente. 

El valor del concepto de heurística, y su uso por parte de diferentes tipos de electores durante un proceso electoral es relevante para el establecimiento de una agenda de prioridades durante una campaña. La explicación de Lau y Redlawsk no me permite entender la diferencia entre el “framing” o encuadramiento y la heurística, o atajos mentales. Ambos son aportes valiosos de la psicología política a la comprensión de fenómenos de formación de opinión pública en asuntos políticos. Personalmente siento que los autores que tratan con el fenómeno del encuadramiento le dan más claridad y profundidad a la forma en la que los ciudadanos recurrimos a ciertos atajos para leer un mundo complejo, que no entendemos del todo, y sobre el que se nos exige una decisión relevante, como el voto. Sin embargo, mi camino para la exploración de la heurística a penas comienza. 

En la siguiente entrada recogeré los hallazgos más interesantes de la investigación de Lau y Redlawsk sobre el uso de la memoria de los ciudadanos durante el proceso electoral. Pueblo sin memoria, dicen las élites sobre el elector colombiano. Veremos. 

miércoles, 22 de julio de 2020

Campaña electoral y redes sociales manipulación, tendencias e influencia

El Consejo Nacional Electoral en Colombia anunció a través de un comunicado de prensa que regularía el uso de propaganda política por parte de candidatos en las elecciones en Colombia. 

El anuncio, que no venía acompañado de una resolución, detonó un debate sobre los retos a los que se enfrentan las autoridades y los riesgos que esta decisión puede significar para el debate público en un proceso electoral. 

Carlos Cortés y Cristina Vélez de Linterna Verde nos invitaron a un panel para abordar la discusión con la información disponible hasta este momento. 


Aunque hay que reconocer que el Consejo Nacional Electoral se pronuncia sobre algo que había sido por muchos años un área gris y que hace un esfuerzo por reflexionar sobre la complejidad de la naturaleza cambiante del ambiente digital, la decisión, como está hasta ahora, deja algunas preguntas abiertas. 

Por un lado, mantener el concepto de propaganda política, claro y nítido para las prácticas electorales de Siglo XIX y XX, se vuelve una caja de cartón en la que se pretende organizar el caudal de un río al usarlo para regular fenómenos de comunicaciones del Siglo XXI. 

Adicionalmente, la escueta entrevista que ofrece el Presidente del Consejo Nacional Electoral, en la que sugiere que cada caso "es especial", deja la puerta abierta para la arbitrariedad en un país en el que no sería novedad que se use localmente el poder de las Cortes para incidir en procesos electorales. 

Darle a los canales digitales el estatus de “medio masivo de comunicación” parece desconocer la complejidad del flujo de la información en canales digitales. Parecería más razonable verlos como un espacio público digital activo, viral, con incidencia real en las posiciones de las personas, con actores complejos, incluidos ciudadanos, personas jurídicas y personajes anónimos. Un espacio, en el que se podría hacer publicidad política pagada. Algo más fácil de identificar y de juzgar como propaganda política. 

Finalmente, el Consejo Nacional Electoral parece dejar por fuera de su radar aspectos de las prácticas de comunicación política con fines electorales cuya falta de regulación puede ser más significativa para que haya desequilibrio entre candidatos que aspiran a cargos de elección popular, tales como la actividad inorgánica e inducida por “operaciones de influencia” a través de cuentas e influenciadores, como da cuenta el reporte sobre el uso de Twitter en campañas de Linterna Verde. 

En la conversación con Liliana Gómez de la Maestría de Comunicación de la Universidad Javeriana y Adela Goberna de  la Asociación Latinoamericana de Internet (ALAI) pudimos explorar algunas de estas preguntas desde diferentes ángulos. La resolución en firme del Consejo Nacional Electoral aún está por conocerse, y valdrá la pena entender los esfuerzos que hacen para garantizar que las contiendas electorales se dan apegadas a la ley, garantizando equidad entre los candidatos que compiten y comprendiendo la compleja transformación tecnología a la que se ve expuesto el debate público electoral. 

domingo, 12 de julio de 2020

Big. Smart. Real. Data

El pasado 3 de julio fui invitado por la Especialización en Marketing Político de la Universidad Externado de Colombia a conversar sobre lo que se convertirá en el próximo semestre en una materia sobre el uso de los datos disponibles para el diseño de estrategias de comunicación y campaña electoral. 


Aunque fue un espacio breve, me permitió ofrecer una reflexión inicial sobre un tema que empieza a generar muchos debates y que parece estar marcado por una nota alta de ciencia ficción a la hora de aterrizar la tecnología disponible a nuestro contexto electoral. 





Aunque sería injusto hablar de vendedores de humo, si he encontrado muchas herramientas parciales de valor táctico con el potencial de impacto estratégico. Claro que los datos grandes tienen el potencial de arrojar insights interesantes para guiar una campaña, pero no todos los datos grandes lo son, ni existe un marco general de datos para acertar siempre.


Se habla mucho, por ejemplo del referente de la segunda campaña electoral de Barack Obama camino a la casa blanca en el 2012, pero no se habla tanto del “desastre” del sistema ORCA de Mitt Romney en la misma campaña electoral. No es que uno hubiera usado tecnología y el otro no. Es que a uno le funcionó para dar una ventaja táctica con impacto estratégico.


A veces los datos más sencillos pueden hacer la misma diferencia. Todas las campañas, en mayor o menor medida están usando tecnología para conectar mejor con sus electores. No significa que la tecnología o los datos a los que accedemos gracias a ella nos den la ventaja, depende de la capacidad de la campaña de poner los hallazgos de tecnología disponible para todos al servicio de la estrategia. 


En una revisión inicial de literatura sobre Big Data y Smart Data en campañas electorales, es prácticamente imposible no encontrar referencias al caso de Cambridge Analítica documentado en cientos de artículos de prensa y por el reconocido documental de Netflix, "The Great Hack". En el último año, varios directores de comunicaciones de gobierno y con aspiraciones electorales se me han acercado en la búsqueda del “Cambridge Analítica del bien”, o el “Cambridge Analítica legal”. Este sesgo a la versión hollywoodesca de la apropiación de los datos disponibles para establecer un lazo con las audiencias dificulta una conversación más de fondo sobre los retos que plantea una tecnología que ha llegado para quedarse y un cambio radical en la forma en la que los electores se relacionan con sus candidatos, en la que consumen información sobre ellos y en la manera en la que participan en el debate público. 


En esta primera aproximación al tema, desarrollo tres diferencias sustanciales que son relevantes tener en cuenta a la hora de buscar herramientas y consultores para una campaña electoral. 


Creo que es un debate extenso sobre el que personalmente me queda un camino largo por recorrer. Un debate en el que el marketing se toma más a la ligera sobre el respeto a la privacidad y el manejo de los datos de los usuarios, en el que la libertad de opinión es amenazada por figuras públicas que reclaman su derecho al buen nombre, en el que la verdad está quedando enterrada en cientos de miles de trinos y videos cortos de tik tok  y volviéndose poco a poco irrelevante.


CSO y Cofundador de buho ™ Clarity for Leaders.

martes, 2 de junio de 2020

La elección del miedo

Durante la emergencia del COVID-19, y a propósito de los debates detonados por una situación tan exigente para gobernar y marcar el rumbo de una ciudad o un Estado, he publicado una serie sobre los aportes que considero más relevantes de Neuman y Marcus (2000 y 2007) para la comprensión del efecto de las emociones en los asuntos públicos y específicamente en el proceso electoral. En esta entrada nos proponemos simplemente sugerir un camino para hacer frente al miedo en un contexto de ansiedad masiva. 

La elección del miedo

El miedo es una emoción de respuesta a un estímulo externo, en este caso un estímulo que crea un ambiente de ansiedad. En la medida que las reacciones emocionales no son mutuamente excluyentes al mismo tiempo y para el mismo sujeto y surgen de dos procesos emocionales preconscientes: entusiasmo y ansiedad (Ver entrada. Entusiasmo y ansiedad en la política), la valoración contextual puede llevar al mismo individuo a mezclar esa reacción con grados variables de esperanza, o de alguna otra emoción.  

Los entornos de ansiedad o entusiasmo los crean los hechos, pero con más decisión, las interpretaciones que hacemos de los hechos con palabras. Un actor político puede decidir construir un ambiente de ansiedad, en lugar de entusiasmo, para promover su agenda. Un grupo económico puede alertar a una sociedad que sin su vibrante aporte, podrían quedarse sin recursos para financiar la educación. Un político puede afirmar que si ese candidato, ese que habla de más, llega a ganar, nos convertiríamos en otra Venezuela. Una cadena de Whatsapp puede alertarnos, en las dosis correctas, sobre cómo decenas de hombres en camisetas blancas están saltando las rejas de nuestros frágiles conjuntos cerrados. 

Las personas tenemos reacciones emocionales antes de que la conciencia entre a mediar. Esas emociones se convierten con frecuencia en el ángulo que usamos para digerir toda la información asociada al estímulo que provocó el ambiente de ansiedad. Si es cierto que en ambientes de ansiedad somos propensos a buscar más información, y que además buscamos información que confirma nuestras creencias, las condiciones están dadas para someternos voluntariamente a un ciclón de miedo y a un contexto interminable de ansiedad. 

Repito. El miedo es UNA de las posibles reacciones a un estado de ansiedad. Las emociones, el miedo incluído, tienen un componente cognitivo que puede ser consciente o preconsciente y que es generado como respuesta a eventos o hechos percibidos, recordados e imaginados (Marion; 232). Según cinco estudios citados por Marcus, realizados entre 1979 y 1995, hay evidencia que sugiere que “la instrucción de poner atención a las emociones, no inhibe la valoración afectiva, pero reduce la atención a la emoción e incrementa la atención hacia los pensamientos”. 

La valoración afectiva, o sea el miedo, está allí, es natural, e inhibe nuestros pensamientos, solo si así lo elegimos. ¿Qué tal si una forma de combatir los estragos que está produciendo el miedo (inducido o real) pudiera empezar con hacernos una simple pregunta ante información que detona ansiedad: “¿qué siento?”, ¿qué sentimos?. Aparentemente, solo formular esa pregunta invita a nuestro pensamiento a calibrar nuestro comportamiento para portar el miedo con inteligencia.  (Ver entrada de inteligencia afectiva)


Un problemita para futuras discusiones. 

Los hallazgos de Marcus sobre la propensión a buscar más información y más precisa fueron publicados 6 años antes de la aparición de Facebook y 9 años antes de la proliferación de Twitter, hoy fuente incontenible de información sobre asuntos públicos. Detrás de estos hallazgos que sugieren que las personas vamos a buscar más información en contextos de ansiedad, se oculta el supuesto de que las personas estamos buscando y encontrando la información correcta. De hecho existe evidencia precisamente  de lo contrario. Buscamos aquella información que de manera más superficial refuerza nuestras creencias existentes (Miller & Krosnik 1996; 79) y nos saciamos con información suficiente, no óptima, para emitir nuestros juicios de valor.  La bomba de tiempo que significa un contexto de ansiedad con circulación vigorosa de información falsa que refuerza las creencias de quienes siempre se negarán a reconocerla como falsa, es un tema que amerita una discusión posterior. 


______________________
Neuman, Russell, Marcus, George y Mackuen, Michael (2000). Affective Intelligence and Political Judgment. University of Chicago Press.
Neuman, Russell y Marcus, George et all (eds) (2007). The Affect Effect: Dynamics of Emotion in Political Thinking and Behavior. University of Chicago Press.🌟