viernes, 5 de junio de 2015

¿Los medios para qué?


ISBN: 9789587723489

¿Los medios para qué?

Todos los candidatos intuyen que lo que dicen los periodistas en sus contenidos tiene un efecto directo sobre la percepción de la ciudadanía y, por lo tanto, sobre el resultado electoral. Sin lugar a dudas, los medios de comunicación cumplen un rol central en el proceso de formación de opiniones de los ciudadanos sobre la contienda electoral, sobre el candidato y sobre los puntos en la agenda.   

Sin embargo, el impacto del cubrimiento de los medios sobre el resultado electoral y sobre la percepción ciudadana puede variar mucho dependiendo la respuesta a tres preguntas clave:

¿Qué tanto consumen mis electores medios masivos de comunicación?
¿Estamos compitiendo muchos por varias posiciones o pocos por una posición?
¿Qué tanto saben mis electores sobre el candidato?

Para diseñar una estrategia de medios, es crucial que la campaña determine el riesgo o la oportunidad real que pueden significar los medios de comunicación para la percepción que tiene un ciudadano sobre el candidato, respondiendo, sin apasionamiento, estas tres preguntas.

A ¿Qué tanto consumen mis electores medios masivos de comunicación?

Cada candidato ha establecido una estrategia de campaña que debe incluir un número crucial: ¿cuántos votos necesito para ganar? Con este número en mano, el candidato debe priorizar los grupos de ciudadanos que tienen una mayor probabilidad de votar por él o ella. Esto será determinante para estimar el grado de importancia que tienen los medios de comunicación en el proceso, el tipo de medio en el que quiere priorizar su exposición y el tipo de historias que le convienen más.

Por ejemplo, si los electores están en una localidad a las afueras de la ciudad capital de un departamento del caribe colombiano, poco debería importarle el cubrimiento que recibe en una emisora de élite del interior. No significa que no deba importar el riesgo de reputación que implica la exposición desfavorable, pero si estamos en campaña, deberíamos concentrar nuestra energía y nuestros recursos hacia donde está viendo nuestro electorado, no allí en donde se encuentra nuestro ego.

Si los medios no cubren los temas que consideramos relevantes como actores políticos, tendremos una mayor dificultad posicionando nuestra agenda y, por lo tanto, será más difícil compartir con nuestro electorado potencial una visión de sociedad y una propuesta para llegar a ella. 

A muchos candidatos les gustaría que el debate que plantean los medios de comunicación se concentrara en la agenda y en las propuestas. La realidad de los medios de comunicación es muy diferente, por lo menos en el caso colombiano. Durante la campaña presidencial del 2014, buho™ realizó un estudio sobre los temas de los que hablaban los medios de comunicación colombianos al cubrir la contienda electoral. El estudio analizó 26,500 artículos y notas en más de 150 medios de comunicación incluyendo radio, prensa, televisión y portales de internet entre el primero de febrero y el día de las elecciones. El análisis encontró que sólo el 26% del contenido se refería a las agendas temáticas de los candidatos, mientras que el 74% restante se concentraba en el “drama”. Es decir en los choques entre los candidatos, el suspenso y reacciones a sus enfrentamientos, el carácter y su competencia para ejercer el cargo. 


¿Estamos compitiendo muchos por varias posiciones o pocos por una posición?

No todas las campañas necesitan lo mismo. Las campañas a cargos plurinominales, como las juntas de acción local, las asambleas municipales y departamentales, la Cámara de Representantes y el Senado consisten en competencias en las que participan muchos jugadores por varias posiciones, pero en las que los medios de comunicación dedican menos espacio a la contienda y los ciudadanos demuestran una menor deliberación informal y una menor participación electoral.

La experiencia y la evidencia empírica recogida por buho™ indica que los únicos candidatos a cuerpos colegiados que necesitan de los medios de comunicación son aquellos que dependen total o parcialmente del voto de opinión para alcanzar su objetivo. Sin ambigüedad, esto significa que es posible ganar unas elecciones a cargos de cuerpos colegiados sin recibir atención de los medios de comunicación e incluso siendo objeto de hostilidad abierta. 

Durante las campañas legislativas del 2014 encontramos que de los 100 candidatos inscritos al Senado por el  Partido Social de la Unidad Nacional, solo 7 recibían atención frecuente por parte de medios masivos de comunicación a nivel nacional y de esos 7 candidatos (¡de cien!) solo 4 lograron una curul al Senado, los 17 restantes tuvieron una presencia baja o nula en los medios de comunicación. 

Por otro lado, las campañas a cargos uninominales, en las que un puñado de candidatos compiten por un solo cargo, como las alcaldías, las gobernaciones o la Presidencia de la República, son campañas en las que márgenes muy pequeños de votos pueden hacer la diferencia entre ganar o perder y son competencias en las que no hay segundos lugares. Estas son campañas que tienden a recibir mayor atención de los medios masivos de comunicación que, a su vez, permean más claramente la conversación ciudadana, resultando en una mayor participación electoral.   

A diferencia de las campañas a cargos plurinominales, existe evidencia que sugiere una relación directa entre exposición en medios de comunicación e intención de voto a cargos uninominales, por lo menos para cargos que requieren un alto flujo de votantes presentándose en las urnas como es el caso de la Alcaldía de Bogotá y la Presidencia de la República.

¿Qué tanto saben los electores de nosotros?

No es lo mismo hacer campaña cuando tenemos un alto nivel de reconocimiento por parte de nuestro electorado potencial que cuando no lo tenemos. A medida que avanzan las carreras políticas y el ámbito de influencia de un político o candidato, necesita más votos y por lo tanto un mayor reconocimiento.

A diferencia de los colchones y los bombones, el político no puede garantizar exposición permanente en sus audiencias mediante publicidad por fuera del período electoral. El candidato debe buscar estrategias para estar presente en la mente de los ciudadano y ser reconocido y recordado. Este reconocimiento lo da la exposición permanente, buena y mala, en medios masivos de comunicación. La vigencia en las historias que construyen los periodistas sobre la vida pública que reclaman como relevante.

En diciembre del 2014, la firma Gallup publicó una encuesta que demuestra cómo los ciudadanos se olvidan rápidamente de los políticos que salen de la agenda pública y pierden protagonismo en las historias relevantes. La encuesta, que mide cada dos meses la favorabilidad de los personajes de la vida pública, pregunta desde el 2002 por la ex-ministra y ex-candidata presidencial Martha Lucía Ramírez. La imagen negativa de esta activa mujer es baja; oscila siempre entre el 17 y 20%. Sin embargo, su favorabilidad dio un salto de 25 puntos durante la campaña electoral pasando de 32% a 57%. Después de las elecciones, su favorabilidad cayó de nuevo a 45%. Esto significa que las personas que no saben quién es Martha Lucía Ramírez o que no tienen una opinión sobre ella (que en política es la misma cosa) subió de 23% de la población a 37%. En sólo 5 meses 14% de los colombianos se olvidaron de ella. 

En materia de reconocimiento, hay que tener siempre muy prendidas las alarmas frente al auto-engaño. Nuestros candidatos y equipos con frecuencia se rodean de personas que conocen o han oído hablar de la inmaculada gestión de ese héroe de la vida pública que admiramos y respetamos. Muchas veces ese conocimiento es producto de nuestra relación monotemática con nuestro entorno. Es importante tener indicadores objetivos que nos permitan establecer con claridad qué tan reconocido es nuestro candidato y qué tanto dependemos de la exposición en medios para incrementar ese reconocimiento. La opinión del candidato, la de su familia y la de su equipo debe ser sometida siempre a un juicio de objetividad.

sábado, 7 de marzo de 2015

Planear una campaña ganadora “a pesar de” y “gracias a” los medios masivos de comunicación.


ISBN: 9789587723489

Introducción:

Los medios masivos de comunicación juegan un rol determinante en el proceso electoral. Durante los periodos electorales, los medios incrementan el cubrimiento sobre los asuntos políticos. Esto tiene un efecto directo sobre la atención que ponen los ciudadanos a las alternativas que ofrece la contienda y afecta directamente el contenido de la conversación informal de los ciudadanos sobre lo que se encuentra en juego, el carácter de los candidatos y, en menor medida, sobre sus propuestas.

El efecto de los medios de comunicación sobre la contienda electoral ha sido objeto de amplias investigaciones (Ver por ejemplo Bartlets, 1993; Kaid, 2004; Mutz & Soss, 1997). Sin embargo, para efectos de la preparación de un plan de campaña, se podrían resumir en tres consecuencias determinantes: forman la opinión de los ciudadanos, simplifican y encuadran el debate público y popularizan ciertos asuntos al priorizarlos sobre otros. 

Formación de Opinión
Los ciudadanos nos formamos nuestras opiniones sobre los asuntos públicos y políticos principalmente a partir de tres fuentes: la conversación con otros ciudadanos, la experiencia personal y la comunicación impersonal (Converse, 1964; Lippman, 1922, Mutz, 1998; Zaller, 1992). La comunicación impersonal hace referencia a los mensajes que no recibimos directamente de otros ciudadanos producto de la interacción directa, sino aquella que proviene de medios de comunicación y las fuentes que participan en estos medios (Mutz, 1998).

Los medios masivos de comunicación crean, refuerzan o cambian nuestras percepciones sobre los asuntos políticos. En general, aunque los ciudadanos no buscamos información que contradiga nuestras creencias, el contenido que nos ofrecen puede afectar nuestras opiniones, especialmente sobre los temas a los que prestamos menos atención;  como la política.

Simplificación y encuadramiento del debate público
Con frecuencia, quienes están involucrados en asuntos públicos, de manera formal o informal, olvidan que los ciudadanos no estamos poniendo atención al debate público ni siguiendo de cerca el día a día de los acontecimientos políticos. Los ciudadanos nos enteramos de lo que ocurre apoyados en las simplificaciones que nos ofrecen los medios y en las interpretaciones que hacen los líderes de opinión y élites políticas (Giraldo & Montealegre, 2013). 

Por ejemplo, los hechos pueden demostrar que el gobierno ha incurrido gastos altos en la celebración de una cumbre internacional, pero es la oposición la que lanza la afirmación de que se trata de un “gobierno derrochón”. La oposición, por su parte, puede hacer una gestión intensa para cuestionar un proceso de paz cuyos detalles no hacen parte de la agenda pública, pero es el gobierno quien los marca como “enemigos de la paz”. Ambas estrategias son legítimas, simplifican el debate público y dan significado a eventos políticos que los ciudadanos con frecuencia no hacemos de manera automática. 

Como los ciudadanos no tenemos una relación cotidiana, estratégica o coherente con el mundo de la política, cuando somos expuestos a contenido sobre asuntos políticos en los medios de comunicación, lo que hacemos es recurrir a fragmentos de información relacionada que se encuentra en nuestra mente y a creencias previas sobre los asuntos en cuestión para emitir un juicio. Estas últimas se conocen formalmente como predisposiciones ideológicas (Kuklinski & Peyton, 2007).

Esto significa que, si bien la información de los medios de comunicación tiene un poder enorme sobre las percepciones que tenemos los ciudadanos sobre asuntos políticos, influencia que crece en la medida que los ciudadanos conocemos menos sobre el tema; también existe un filtro que modera el potencial que tiene esa información y es nuestro conocimiento previo sobre estos asuntos y la confianza establecida con quienes nos dan nueva información, ya sean estos medios de comunicación o líderes políticos.

La realidad de las democracias modernas sugiere que los ciudadanos vamos a usar la información que nos ofrecen los medios de comunicación y sus fuentes para emitir nuestros juicios sobre asuntos políticos. Sin embargo, premiamos la información sencilla y contada con ángulos o enfoques que faciliten la comprensión de un número alto de ciudadanos como “gobierno derrochón” o “enemigos de la paz”. En este proceso, tanto las élites políticas, como los medios de comunicación, sacrifican la precisión por la sencillez y con frecuencia la claridad se vuelve subjetiva.

Popularización
Los medios de comunicación inciden en buena medida en la popularización de contenidos simplificados (con frecuencia sobre-simplificados) de lo que ocurre en nuestras ciudades, nuestras regiones, sobre lo que hacen los gobernantes y los candidatos y de sus propuestas.

La información contenida en los medios de comunicación sobre asuntos políticos y públicos tiene una enorme ventaja sobre la información que no lo está: la segunda tiene una probabilidad muy baja de volverse parte de nuestra cotidianidad. Cuando los medios eligen tratar un tema sobre otro, o priorizan un asunto sobre otro, los ciudadanos socializamos alrededor de estos temas y establecemos conversaciones informales que moldean nuestras opiniones (Chong 1996; Druckman, 2003; Kaid 2004; Hartman, 2009; McCombs 1972; Mutz 1998; Mutz & Soss 1997). 

Con frecuencia, candidatos y funcionarios gubernamentales expresan su descontento por la forma en la que los medios de comunicación desarrollan su trabajo. Algunos sienten que son tratados de manera desigual, injusta y en algunos casos son acusados directamente de apoyar a un contrincante o agendas contrarias.

En este espacio no se discutirá la legitimidad de estas quejas ni el deber ser de los medios de comunicación. El objetivo es ofrecer una guía general que permita a los candidatos planear con sentido estratégico sus campañas sin caer en las trampas que supone la competencia por un electorado a través de los medios de comunicación y aprovechar al máximo el espacio que ofrecen estos medios para llegar a la mayor cantidad posible de ciudadanos con un mensaje coherente.

En las próximas entradas desarrollaremos los objetivos centrales de la discusión del artículo:

1. ¿Los medios para qué?:  establecer qué tan determinante pueden ser los medios de comunicación sobre el resultado de la contienda electoral y, en particular, para su campaña.

2. La campaña “a pesar” de los medios: ofrecer unas guías generales que le permitan sacar adelante su campaña en ambientes hostiles y a pesar de las dificultades que plantea comunicar a pesar de el sistema de medios. 

3. La campaña “gracias a” los medios: ofrecer unas recomendaciones para sacar adelante su campaña gracias a que los medios de comunicación le permiten establecer una relación con su electorado que en otras condiciones no sería posible.

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Bibliografía Complementaria

Bartlets, Larry M (1993). Messages Received: The Political Impact of Media Exposure.The American Political Science Review, Vol. 87, No. 2, (Jun., 1993), pp. 267-285
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Zaller, John (1992). The Nature and Origins of Mass Opinion. Cambridge University Press.



martes, 3 de junio de 2014

El Servidor Público, un comunicador



El 11 de abril de 2014 se llevó a cabo en el DAFP el conversatorio "El Servidor Público, un comunicador", espacio en el que se discutió entre expertos en Comunicación Estratégica de Gobierno el tema de Marketing Gubernamental, conversación que se dio de forma dinámica entre los servidores del Departamento Administrativo de la Función Pública y los invitados Pedro Viveros y Juan Fernando Giraldo.